Aniversario…

Hola…

¿Que tal?

Hace dos días cumplí 6 años desde que empecé a escribir en el blog por primera vez, y por ese motivo quiero hacer una pequeña reflexión de todo lo que he vivido en éste tiempo.

Empezamos….

– Entre la finalización del grado y el comienzo del postgrado, pasé una temporada en Inglaterra, trabajando cómo Au-Pair, por si alguien no sabe su significado,es algo así cómo niñera (una familia originaria del país qué sea tu destino te contrata, para qué cuides de sus hijos, mientras aprendes el idioma). En muchos casos, hay ciertos familias, que aprovechan a las Au-Pairs, para que hagan labores de limpieza en casa, y esa no es la tarea de la persona qué va a vivir esa experiencia. Antes de acceder al trabajo, hablar con la familia cuáles serían vuestras tareas, para qué luego no haya un mal entendido.

Mi experiencia, fue muy buena…

Vivía a 15 minutos en tren del centro de Londres, tenía todo el día para mí, ya qué mi labor era despertar a los niños, hacerles el desayuno, llevarlos y recogerlos del colegio, y hacerles la cena, y los fines de semana completamente libres.

La familia inglesa con la qué viví la experiencia fue tremendamente acogedora, y amable.

Recomendaría a todo el mundo que viviesen la experiencia de ser Au-Pair en un país extranjero, ya que te cambia la forma de ver la vida, aprendes una nueva cultura y un nuevo idioma, y mejoras cómo persona.

Cuándo terminé mi estancia en Inglaterra, volví a España, y empecé a mirar postgrados. Después de mucho investigar, me decanté por uno que impartía la Universidad de Alicante.

Y al finalizar el postgrado, decidí opositar.

 

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Una huella…

Siempre conoces a personas qué están de paso, pero qué aún así,…te dejan huella, unos para ayudarnos a ser mejor persona y otros para enseñarnos a no ser cómo ellos…

Todos aprendemos de las personas qué nos encontramos por el camino.

Por alguna u otra razón, no todas las personas qué se nos cruzan, se quedan hasta el final.

Hace un tiempo, conocí a una persona…de esas qué te marcan el corazón con sólo una sonrisa, de las qué hacen qué el mundo sea un poco más bonito.

De ésto, hace ya 39 meses…y os voy a contar un secreto…mido el tiempo en meses porque mi corazón siente más que la primera vez que lo ví.

 

Sin título…

Con lagrimas en los ojos, no dejo de pensar en el momento en qué comenzó todo,…

Cuándo te conocí, aquél día de verano me sentí especial,…sentí qué nunca me habían mirado de esa manera…

Cuándo me cogías de la mano era perfecto, contigo podía luchar contra el mundo y sabía qué nadie me podía hacer daño.

 

De ésta manera…

Exactamente, hace 38 meses, nació algo en un lugar del norte de España entre una chica y un chico (vamos a llamarlos María y Antonio)…

Todo era perfecto entre ellos, se compaginaban cómo mejores amigos siendo pareja, eran el conjunto perfecto, contaban siempre el uno con el otro.

Unían sus aficiones, y las practicaban juntos,…entre las qué estaba viajar…

Pasaron por Córdoba (visitando sus patios), se agarraban de la mano y se miraban bajo su Mezquita cómo si se parase el mundo.

Ella era para él, y él para ella….

Siguieron por Granada, paseando por el Albaycin se besaban cómo si no hubiese ni horas, ni minutos,…allí, sólo existían ellos.

En Granada, se fotografiaron en el mirador de San Nicolás, dónde podían apreciar una panorámica de toda ciudad, con una Alhambra deslumbrante.

No tuvieron suficiente, y llegaron a Sevilla…

Ella, conocía muy bien esa ciudad,…ya qué hizo sus estudios universitarios en la ciudad hispalense.

Allí, comieron en Triana, ese barrio tan típico y pintoresco qué enamora cuándo entras por sus calles empedradas.

Mientras disfrutaban de la comida, se cogían de la mano y se miraban con complicidad.

Por la tarde, terminaron su día en Sevilla dando un paseo bajo la Torre del Oro y culminando con una sonrisa cómplice en la Catedral.

La sensación qué tuvieron fue magnífica, esas miradas delataban la felicidad qué sentían estando juntos.

Y por fín, llegaron a Cádiz…

Mientras qué él conducía, le cogía de la mano,…se regalaban sonrisas a la vez, qué escuchaban música.

Dirección Cádiz, se encontraron qué en San Fernando (estaba la feria patronal y decidieron parar antes de llegar al destino).

En San Fernando cenaron, pero no les importaba si era de pies o sentados, lo más importante era estar juntos.

Él le sostenía el bolso, para qué ella pudiese cenar tranquila

Poco después, llegaron a su destino.

De Cádiz, salieron con la idea qué algún día volverían.

Después de regalarle sonrisas, miradas, tiempo y amor….

Ella se enamoró de él cómo nunca antes lo había hecho.

 

Experiencia con la oposición

Hola!!

Hacía tiempo qué no hablaba de la oposición….

Cuándo empece en ésta “carrera de fondo”, no tenía ni idea de lo qué podría suponer, de la dificultad…

Ahora, trás un tiempo…puedo explicar mejor mi experiencia.

Es difícil asimilar qué tienes qué llevar una constancia, mucha gente no entiende qué tenemos qué decir qué “no” a planes qué nos apetecen, nuestro círculo social se reduce…

Cuándo llegamos al día del examen, y después vemos qué el resultado no es el esperado…pues pasamos por unos días malos, nos dan ganas de tirar la toalla,…y así estamos cómo en una especie de “noria” (entre subidas y bajadas nos encontramos).

Hoy por hoy, he apostado tan fuerte por éste sueño, qué es mi prioridad…porqué sé qué tarde o temprano lo conseguiré.

 

El viaje del automóvil

Hace poco leí en el periódico, la curiosa noticia del nacimiento de un niño en el interior de un automóvil, cuándo su madre iba camino de la clínica.

Se me ocurrió pensar qué tal niño, empezaba un viaje, pero no cómo otros, qué tienen una meta fija; era el viaje de la vida con un final desconocido y una meta ignorada. Es posible, casi diría qué normal qué aquél niño llegará al uso de razón, se hiciera hombre, fuera muy sabio, pero nunca, alcanzaría a conocer dónde se encontraba la meta, ni la hora de llegaba.

Había iniciado un viaje muy importante y lo más probable, aunque tampoco seguro es qué el último trayecto, lo haría también en el automóvil, pero no en aquél pequeño en el qué se asomó la vida, sino en uno mayor, rodeado de flores, con mucha gente por detrás, familiares, amigos qué irían a despedirle.

No se porqué pero pensando en la noticia del periódico, me acordé del día en qué iba con mi padre a Madrid para ver un partido del Athletic. Habíamos salido con el tiempo justo y bajando el puerto de Somosierra tuvimos un pinchazo. Recuerdo la cara de mal humor de mi padre, tuvo qué bajarse, sacar el gato, desmontar la rueda, poner la de repuesto; operaciones en las qué perdimos un buen rato.

¡Qué contrariedad y cuánto mal humor por algo qué no merecía la pena!

En ese otro viaje de la vida, ¿nos acordamos de reparar con la mayor rapidez todos los pinchazos que a veces tenemos?.

En más de una ocasión, también se producen “adelantamientos” mal hechos, cuándo dejamos por detrás al amigo o abusamos de su poca velocidad, pero claro no tenemos miedo.

Es un viaje qué siempre lo hacemos con prisa, sin levantar el pie del acelerador y olvidándonos de qué existe otro pedal, el de frenar, qué también debemos usar.

La circulación no tiene ni comparación con la qué había por las calles de Madrid. Pasa mucha gente a nuestro lado, en nuestra misma dirección y también en la contraria, pero, qué pocos respetan los “semáforos” y pocos se paran a ayudar en la reparación del “pinchazo”.

Lo único qué nos iguala en ese último trayecto final, en la qué ya hemos reducido la velocidad, porqué el motor se encuentra cansado y sobre sus espaldas pesan muchos kilómetros.

Cuándo fuimos a Madrid, pasamos allí el domingo y el lunes volvimos a Bilbao, y dentro de una gran caravana de coches. Nuestra meta, era entonces llegar a nuestra ciudad.

El viaje de la vida tiene también su meta, pero no la última, por detrás se encuentra la otra, la qué ahora no podemos comprender cómo es, pero dónde están algunos qué nos han de recibir con mayor alegría qué en ninguna parte, para iniciar un nuevo viaje qué ya no tiene final, ni lo vamos a hacer con las incomodidades y peligros del viaje en automóvil.

Para ello, hemos de procurar no “pinchar”, pero si tenemos esa mala suerte, debemos poner enseguida el parche; en los semáforos respetar las señales, y no hacer nunca malos adelantamientos.

De ésta forma alcanzaremos la verdadera meta, en la qué podremos comentar con alegría las incidencias del “viaje de la vida”.

Entre el primer coche, en el qué aquél niño del periódico lanzó al aire sus primeros berridos y ese último de color oscuro, más lento y triste, se cambia muchas veces de modelo.

Tratemos de escoger no el que sea más confortable ni más rápido o llamativo, sino el más seguro, el qué tenga menos averías. En él viajaremos con mayor tranquilidad y en cualquier momento podremos alcanzar la meta, dejando ese coche, cómo modelo para los qué en ese momento se encuentran en la carretera y quieran también alcanzar nuestra meta.

Esa meta, la esperaremos juntos, celebraremos el éxito qué hemos merecido por nuestra buena conducción, es un viaje de duración tan incierta qué para algunos sólo dura unos minutos y para otros, es un viaje algo más largo.